Cuando la gente piensa en el Gargano piensa en el mar. Pero hay otra versión: la del interior, los pueblos donde no llegan los autobuses turísticos, donde las casas son de piedra caliza gris, donde el bar de la plaza abre a las siete de la mañana y cierra cuando quiere el dueño. Estos lugares no aparecen en las guías porque no tienen nada que vender. Solo tienen ellos mismos.
Mattinata: el pueblo que mira al mar sin tocarlo
Mattinata no está en el interior, pero tampoco es Vieste. Es un pueblo que se asoma al Golfo desde una posición elevada. Venid a Mattinata fuera de temporada. Venid en marzo, cuando todavía no hay nadie, y sentaos en el bar de la plaza principal. Los ancianos juegan a las cartas en la mesa de al lado. Una señora cruza la plaza con una bolsa de la compra. Es un lugar que existe para los que viven allí, no para los que lo visitan.
Ischitella: el mirador que nadie sabe que existe
Ischitella es un pueblo en el promontorio del Gargano que da al Lago de Varano. No es famoso. Pero hay una vista. Desde el mirador del pueblo, en los días despejados de primavera y otoño, veis el lago, el mar más allá del lago, y la línea de la costa que se pierde hacia el norte. Hay una sola trattoria seria, con pasta hecha a mano: orecchiette, cavatelli, lagane.
Carpino: donde la música popular todavía está viva
Carpino es conocida, entre los que la conocen, por la tammorra y por el Festival delle Launeddas — uno de los pocos lugares de Italia donde la música popular no es un reclamo folclórico para turistas sino algo que la gente hace porque de verdad le importa. En verano, por la tarde, de las ventanas salen voces e instrumentos.
Cómo llegar desde Manfredonia
Los tres pueblos son accesibles en coche desde Manfredonia en menos de una hora. El consejo es no construir un itinerario demasiado preciso. Id a uno de los tres, caminad, comed algo, sentaos. No intentéis hacer todo en un día: estos lugares se visitan despacio o no se visitan de verdad.